sábado, 18 de marzo de 2017

FÓRMULAS PARA LA PRECIPITACIÓN I *

FÓRMULAS PARA LA PRECIPITACIÓN

No lo que podría ser, sino lo que será porque el hombre lo vislumbra, lo convoca y adecua a la ley universal. ¡La alquimia!
La maravillosa ciencia del cambio que llena los deseos más profundos del corazón, ordena los asuntos de los hombres y renueva la dulce pureza de su comunión original con el Gran Progenitor.
El concepto de multiplicación de las células insinúa la ley de la naturaleza que asegura adición continua. Esta ley que rige la reproducción de la vida según su género no concierne solamente al cuerpo físico, sino a la mente, los sentimientos y la memoria, así como al Espíritu puro del hombre. La coordinación entre los cuatro cuerpos inferiores y los vehículos superiores, permite que el hombre controle primero su medio y luego que cree, con la condición de que sea capaz de comprender las obvias ilusiones del mundo de las apariencias, cuyo punto de referencia son el tiempo y el espacio, y no obstaculizado por ellas.
Ahora bien, la presencia o la ausencia de ciertos factores pueden, a bien alargar, o bien acortar el tiempo para la precipitación, aun cuando todos los otros componentes estén en regla. Por ello, cuando estos factores son conocidos, pueden ser eliminados sistemáticamente para reducir el tiempo de manifestación. Los impedimentos principales de la precipitación han de reconocerse en:
1) la inarmonía en el mundo de los sentimientos,
2) el sentimiento de soledad o de abandono, y
3) el sentimiento de insignificancia o inseguridad y duda.
A veces la presencia de estos factores puede minimizarse con un simple  acto de fe. En otras, tal vez se requiera una dedicación más seria a la Deidad y un reforzamiento de las acciones contrarrestantes positivas destinadas para eliminar completamente las influencias negativas que se manifiestan dentro y fuera del propio mundo.
Acaso parezca extraño a algunos de vosotros que llame vuestra atención a estos hechos tan sencillos. Pero permítaseme decir, rectamente, que no son tan sencillos, pues los efectos de estas energías humorales en los esfuerzos creadores, son de consecuencia muchos mayores de lo que los hombres están dispuestos a admitir.
Al indicar la necesidad de corregir estas condiciones y de hacer que el aspirante a alquimista sea consciente de la influencia que ellas ejercen en su manifestación deseada, siento que estamos dando un gran paso hacia la dirección correcta. Porque este conocimiento, al ser aplicado, impedirá la introducción de factores de desaliento más tarde, cuando para algunos los resultados esperados no aparezcan de inmediato por las mismas razones que acabo de mencionar.
Esto me lleva al sitio donde quiero asistir, al inicio de mi enseñanza, en la nece3sidad de perseverancia. Con frecuencia el no perseverar por el curso correcto ha anulado todos los frutos justo antes de que la cosecha del mundo invisible estuviera lista para rendirse en las manos y uso del aspirante.
Me gustaría mencionar ahora uno de los grandes factores alquímicos vitales cuyo poder positivo debería ser tomado también en cuenta. El principal de esta lista es la fe, que incluye la creencia en la fuerza de rotación que mantiene a los electrones en su movimiento vital girando alrededor de sus centros electrónicos.
Esta fuerza se asemeja a un resorte apretadamente comprimido, casi omnipotente. Está en el centro de todo sistema solar y átomo cuyo flujo y emanación magnéticos, a la vez que están centrados en su propio núcleo, son capaces, por ley kósmica, de ligarse a campos energéticos ilimitados para producir cualquier manifestación milagrosa que se requiera en el instante –cuando el individuo puede convencerse a si mismo y al Universo de que su camino es correcto.
Ahora bien, todos hemos conocido hombres con un éxito notorio en la producción de acciones incorrectas sencillamente porque estaba convencido de que su camino era el justo, aunque de hecho estuvieran equivocados. Esto no significa que el Kósmos mismo sea proverbialmente ciego; esto es simplemente indicativo de la necesidad kósmica de proteger los secretos de la creación de los ojos de los curiosos y de guardar los tesoros del cielo a través de los sistemas de iniciación desarrollados por la Hermandad.
Por esta misma razón se emitió el fiat divino: “He aquí, el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, porque no alargue su mano y tome también del Árbol de la Vida y coma y viva para siempre; por eso el Señor Dios lo echó del jardín del Edén, para que labrase la tierra de donde fue tomado”.
La necesidad interna del universo de proteger sus secretos de los profanos, es visible en las actividades de las hordas luciferinas que, de cuando en cuando, durante la larga historia del planeta, han comprometido a los hijos de Dios en el mal uso del poder creador y sagrado de la vida. Esto lo han hecho a través de perversiones psicodélicas, drogas peligrosas, su contagioso espíritu de rebelión contra el orden (que es la primera ley del Cielo) y la difusión del caos, a menudo en nombre del idealismo.
Pero esta clase de idealismo siempre ha estado basada en el orgullo intelectual; se la presenta  como el plan contrario de la mente carnal que compite con la Mente Divina, considerándose superior a ella. Por lo tanto, si acaso ha parecido demasiado protector en este curso intermedio sobre alquimia, el cielo sabe que hay una razón para ello.
Y ahora a todos y cada uno digo, tomando en cuenta la semántica de la alquimia, reconozcamos que la palabra altar significa lugar sagrado de cambio. Aquí toda transformación es obrada por la ley de Dios. Dios es la ley. Su ley no existe sin el Amor. Pero, desafortunadamente, debido a la generosidad misma inherente a la Naturaleza Divina, que permite que la humanidad en evolución utilice varias funciones de la ley, el hombre ha podido separar la ley del Amor.

FÓRMULAS PARA LA PRECIPITACIÓN II *

Así los aspectos más mecánicos de la alquimia, llamados magia, han sido empleados durante siglos por aquellos que han usado su conocimiento de las leyes de Dios con fines egoístas. Esto fue demostrado en la corte del Faraón, cuando Arón, verdadero alquimista del Espíritu, fue desafiado por los magos, que arrojaron sus varas, que también se convirtieron en serpientes.
Los aspectos mecánicos de la ley se combinan a menudo con trucos para producir fenómenos que a los ojos de Dios o tienen significado alguno. Una vez que un hombre ha alcanzado la posición de verdadero adepto espiritual, ha desarrollado ya los poderes del Amor y la sabiduría dentro del marco de la ley universal. No hace daño a nadie y sus enseñanzas alquímicas reflejan su abnegación.
Entonces los milagros que realiza son mucho menos importantes a sus propios ojos que el milagro de su unión con su Creador.
Así que, ahora que estamos ante el altar, el lugar consagrado a la ciencia del cambio maravilloso, debemos examinar las dos vías que tenemos delante. La primera es elegir un procedimiento basado en el conocimiento más elevado que se nos haya dado a conocer.
Decidimos qué deseamos cambiar. Decidimos por qué necesita que se cambie. Esto le da fuerza motora a nuestro experimento alquímico.
Al mismo tiempo, reconocemos las limitaciones del conocimiento del hombre y la superioridad del Yo Divino y de los hermanos mayores de Luz que lo asisten en la elaboración de su destino individual. Por consiguiente, el segundo procedimiento es estar al tanto de que el cambio correcto puede producirse sin el conocimiento consciente de lo que dicho cambio debería ser.
Sencillamente invocamos de Dios la pureza de Au plan divino para el cambio correcto.
En otras palabras, ordenamos, en nombre del SEÑOR –cosa que, como co-creadores con Dios, el hombre tiene derecho a hacer--, una precipitación alquímica  de los dones y gracias del Espíritu que detonarán al hijo bienaventurado de las cualidades del Cristo, haciéndolo más capaz como alquimista Espiritual y más integrado al plan universal. He encontrado que, siempre que se utiliza la segunda técnica alquímica, fortifica la primera invocación (acción invocada) y llena los vacíos en el caudal de conocimiento del hombre, cubriendo su ignorancia con el manto de la verdadera espiritualidad.
Cuando estemos ante el altar, conscientes de las realidades de Dios y del potencial que existe para que se realicen en el hombre, tomemos en cuenta también a los seres magistrales que ya se han ganado la habilidad de producir cambios a voluntad. Con toda seguridad, la asistencia de quienes han tenido éxito en las artes alquímicas será invaluable en la producción del fruto de nuestros deseos. Caben aquí perfectamente las invocaciones y plegarias de nuestra elección.
Con una percepción en la ley, con la fe en su función impersonal y un propósito decidido de que una vez que se haya desarrollado la fórmula la manifestación deseada debe aparecer en la forma, procederemos con este asunto de crear cambios.
Ahora bien, uno de los medios más efectivos para producir cambios –y este que os doy a conocer aquí es un secreto profundo y maravilloso guardado por muchos adeptos de Oriente y Occidente--, es a través de lo que llamaré la “creación de la nube”. San Pablo se refirió a una “nube de testigos”. Yo me estoy refiriendo a una nube de energía infinita que, algo así como el éter tan propagado por los científicos hace un siglo, está presente en todos lados, pero no se manifiesta en ningún lado hasta que se le llama a la acción.
A la primera lectura, a quienes tienen una mente empírica – y que son hábiles sólo en los aspectos materiales de la ciencia y en lo que los sentidos pueden percibir – estas observaciones les parecerán un montón de tonterías. Si hay quienes piensen así, no puedo más que compadecerme de ellos.
No puedo ayudarlos, ni me pide la ley que me disculpe, pues he demostrado este principio infinidad de veces con muchísimo éxito.
Y creo que allí donde los grandes adeptos no lo utilizan conscientemente, está autorizado en ellos a través del contacto con la Mente Superior. Pero para la mayoría de nuestros estudiantes principiantes e intermedios será esencial que aprendan cuidadosamente la nube y luego esperen hasta que su aparición se convierta en un proceso automatizado en su ser.
Continuaré la semana próxima con esta muy importante actividad: “¡Cread!” y la nube.

Hacia adelante,
Saint Germain.

Paola Wlack
Mahanbir Kaur*

miércoles, 20 de julio de 2016

"!CREAD"¡ Y LA NUBE I

“¡CREAD!” Y LA NUBE

Cuán profundamente han anhelado muchos hombres saber cómo generar cambios constructivos tanto en ellos mismos como en el mundo. Que se den cuenta, pues, de que provocar cambios es un acto creador. La alquimia es la ciencia creadora gracias a la cual al hombre le es posible obedecer el fiat original de Dios “¡Señoread la Tierra!”.
Este mandato era indicativo del plan del Padre para Su hijo, y los medios para llevarlo a cabo se van descubriendo a medida que uno aprende los antiguos secretos de esta ciencia sagrada. Al practicar estos principios alquímicos, el individuo es capaz de elevarse de la condición de títere de la voluntad de otros egos, de la voluntad de espíritus desobedientes, de las fantasías pasajeras del momento o de los dictados de los hermanos de la oscuridad, que inducen al joven adepto a practicar la magia negra y la brujería, halagando su ego, citando a menudo las Escrituras y diciéndole: “Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se hagan pan”.
Ahora estamos casi a punto de dar nuestros pasos iniciales en la generación de cambio: no un cambio que haga engranar al hombre a la escena contemporánea, donde todos sus esfuerzos son moldeados por factores ambientales, sino un cambio que lo acerque a su Imagen Real. Crearemos el medio gracias al cual el cambio se pueda generar por nuestra soberana voluntad, gracias al cual podamos señorear la Tierra. Porque es aquí en la Tierra donde estamos obligados a crear los deseos de nuestro corazón. Es aquí y ahora donde por cierto estamos obligados a convertirnos en co-creadores con Dios, para cumplir así con la pureza de Su propósito.
En tanto que reconozco que parece haber factores mecanicistas en la dirección científica que estoy por daros, estoy seguro de que habréis notado las muchas salvaguardas que he introducido en este curso para asegurarme de que nunca tengáis una opinión errónea; pues nadie debería asumir nunca que por un mero ritual científico o mecánico será capaz de realizar los más elevados tipos de manifestación alquímica.
¡De ninguna manera! Porque la alquimia más elevada, el mayor cambio, es el que transforma al hombre en un dios, aquel por el cual el hijo se convierte en uno con el Padre; y esto no se puede lograr nunca por medios mecánicos.
Paraos ahora delante de vuestro altar, honrando al Dios vivo y Su fiat. Pues Aquel que es Dios lo ha ordenado: “¡Señoread!”. Estáis funcionando correctamente, entonces, cuando hacéis al menos eso. Estáis a punto de crear; primero crearéis la nube a partir del enorme poder de Dios almacenado en cada punto del espacio, esperando ser invocado.
El poder de la visión es fundamental para nuestra invocación. Por lo tanto, crearemos en nuestra mente primero un resplandor blanco lechoso, y veremos este resplandor blanco lechoso como una acción electrónica vibratoria de luz vital, móvil, inefable. La concentración de la luz, que llamamos la densidad de la luz, es lo que da el color blanco lechoso. Si la nube fuera atenuada, podríamos ver a través de ella como si las escenas que nos rodean estuvieran envueltas en neblina.
Una vez habiendo creado en nuestra mente esta forma de una nube translúcida y brillante, le permitimos que rodee nuestro cuerpo físico y que ocupe nuestro cambo energético. Por un momento nos perdemos entre la nube, y luego parece como si hubiera estado ahí. Su atmósfera es familiar, cómoda.
Reconocemos que la mente tiene el poder de extender su círculo de influencia, pero no debemos tratar de alejarnos del árbol original del yo. Que esta nube brillante y resplandeciente tenga primero como tres metros de diámetro a nuestro alrededor. Más tarde, tal vez la extenderemos a un diámetro de treinta metros, luego a trescientos metros y más.
En nuestras primeras meditaciones nos concentraremos en intensificar la acción de la luz blanca en nuestra mente. De ahí transferiremos esa acción a la zona de tres metros alrededor de la forma física. Una vez que hayamos desarrollado la sensación de esta nube alrededor de nuestra forma física, entenderemos que, aun cuando la nube pueda hacerse visible a nuestra vista física, nuestra preocupación principal es hacer que su alta acción vibratoria sea puramente Espiritual.
Quienes entre vosotros estén familiarizados con la electrónica y con el funcionamiento de un reóstato, entenderán que con un simple viraje que se dé al dial de la conciencia podemos intensificar la acción vibratoria de la nube. En este caso, incorporamos más luz alrededor de cada punto central de luz; pues nuestra nube se compone de muchos puntos de luz cuyas auras se difunden y mezclan unas con otras, dando el efecto total de un resplandor blanco entrelazado pero altamente concentrado, una nube remolineante y pura de energía kósmica.

"!CREAD"¡ Y LA NUBE II

¿Qué es esta poderosa nube que hemos creado, este campo de energía vibrante, y, para empezar, por qué lo creamos?
En realidad aunque he empleado la palabra crear, sería más apropiado si tal vez utilizara la palabra magnetizar; porque en realidad estamos magnetizando lo que ya está presente por todos lados en el espacio. Estamos amplificando una intensa acción de la luz desde el interior de su propio cambo energético –más de lo que se manifestaría normalmente en un área dada. Con ellos estamos tomando del poder divino universal para producir esta nube que primero penetra y luego santifica nuestro campo energético inmediato, para poder tener un altar espiritual sobre el cual podamos proyectar las imágenes de la realidad que deseamos crear.
Tened presente que esta nube puede ser utilizada terapéuticamente para la salvación de las naciones y del alma de un planeta, o bien podéis utilizarla como plataforma para invocar, como hizo Cristo en el Monte de la Transfiguración, la presencia de los Maestros Ascendidos –de los amados Jesús, la Madre María, el Maestro Serapis Bey, de Luxor, el Maha Chohán, el Señor Maitreya, el Arcángel Miguel--, para que os asistan no sólo en vuestros experimentos alquímicos, sino también en vuestra ministración a la vida.
Allí donde todavía sois ignorantes de lo que deberíais producir exactamente para vosotros y para otros, podéis, de manera gentil y candorosa, pedir a Dios que produzca, a partir de la gran poza de energía lumínica, el milagro de Su Amor curativo, no sólo en vuestra vida, sino en la vida de las multitudes del mundo en gran escala.
Podéis pedir que el poder de Dios y del reino de los cielos se manifieste en la Tierra. Podéis pedir por que la edad de oro nazca, porque se terminen los pleitos y las luchas y todas las manifestaciones negativas y de odio. Podéis pedir que el Amor señoree el mundo. Si abrís vuestro corazón a las necesidades del mundo y al Amor de la Divina Madre que aspira a expresarse a través de vuestra conciencia elevada, fluirán a vuestra mente ideas sin límite para el servicio universal.
Pero aquí, una vez más, me apresuro a tocar una nota de advertencia, especialmente en beneficio de los que se han inclinado físicamente, o que tienen la tendencia, como dirían los hombres, a “lanzarse hasta el fondo”. ¡Cuidado! Estáis manejando poder creador sagrado. ¡Cuidado! Es mejor si pedís a los Maestros que interpongan sus ideas –sin que necesariamente las definan o las comuniquen a vuestra mente consciente—y no que os alejéis de los límites de la norma alquímica.
Los Maestros Ascendidos no son sólo cuerdos y están bien organizados, sino que también son píos y profundos a la enésima potencia. Es esencial, pues, que seáis como ellos. Sobre todo, no os dejéis arrastrar por el orgullo o por la exaltación del yo por encima de vuestros semejantes.
A medida que vais adquiriendo poder Espiritual a través de estos periodos de meditación sobre la nube –que al principio no deberían exceder de quince minutos al día—, tratad de entender que la nube creadora, una vez que se ha dispersado por vuestro fíat a la conclusión de la ceremonia creadora, seguirá expandiéndose, expandiéndose, expandiéndose por el Universo como un globo de fuego blanco traslúcido, arremolinándose en esferas siempre crecientes para entrar en contacto con todo lo que es real y realmente vuestro.
La nube, como manifestación del poder de vuestra energía creadora, el fuego de vuestro Espíritu, atraerá a vuestro mundo la conciencia de Dios mismo. Evocada desde los poros centrales del ser y expandiéndose bellamente como un altar de Dios, la nube santificará el espacio allí donde se expanda.
Cristo fue capaz de generar los milagros registrados en los Evangelios, y muchos más, porque antes había adquirido la maestría del uso correcto de la energía. A la energía sagrada del Espíritu la llamó “Padre”; y, en verdad, es el padre del Espíritu de toda manifestación.
El Padre es omniamoroso, omnisapiente, todopoderoso, y hará de vosotros todo lo que ÉL es. Pero apenas hemos empezado a tratar levemente el correcto uso de Su energía. Por ello aspiro a desarrollar en vuestra conciencia, con la lectura de este material, una actitud correcta que os permitirá actuar, bajo la guía de vuestra propia Presencia Divina y Yo Crístico, como co-creadores eficientes con Dios y la Hermandad de la Luz.
Necesitamos alquimistas del espíritu –hombres y mujeres que produzcan manifestaciones alquímicas físicas, mentales, emocionales y etéricas. Al amalgamarlas en un acto creador de vida abundante, dichos alquimistas al fin comprenderán el significado de las palabras del Maestro: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”.
La alquimia no es un medio demoniaco de producir riquezas y honores. Es una ciencia Espiritual, omniamorosa, de transformar los metales básicos que constituyen la imagen sintética del hombre en el oro puro de la Imagen Real para que pueda realizar su dominio sabio sobre la Tierra.
A la larga, el Gran Alquimista enseñará al aprendiz la ciencia seráfica con la cual el hombre realizará aquella maravillosa transformación final de que habló Pablo; “He aquí, yo os muestro un misterio: todos ciertamente no dormiremos, pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir de ojos, a la última trompeta; porque será tocada la trompeta, y los nuestros serán levantados sin corrupción, y nosotros seremos transformados”.
Tened presente que sólo he tocado ligeramente el tema de esta gran energía creadora que está dentro de vosotros ya ahora.
En el nombre del Maestro de Maestros, en el nombre del Señor Cristo, quedo Su siervo y mediador vuestro por siempre, Saint Germain.

martes, 14 de junio de 2016

LA CIENCIA DE LA FIGURACIÓN 1 /2

LA CIENCIA DE LA FIGURACIÓN

Recordad que una vez que habéis sostenido la visión de la nube y la habéis entregado a vuestro Yo Superior para que la sostenga él, esto es, a las facultades divinas latentes en vuestro interior, vuestra Presencia Divina lo hará por el período requerido. Con el tiempo encontraréis que el resplandor de la nube bañará suavemente vuestro cuerpo físico, y mientras esto ocurre tendrá lugar una agudización de la mente y un nuevo sentido de percepción de la vida toda en todas partes.
A medida que realicéis este ejercicio ritual de crear la nube a través de la sintonía con el poder creador del universo., convirtiéndoos por ello en co-creadores con Dios, adquiriréis un sentimiento de separación del mundo, como si fuerais meramente observadores de lo que pasa a vuestro alrededor. Esto ocurrirá cuando os permitáis fluir automáticamente hacia el gran poder creador del Macrocosmos.
Esta experiencia de fluir, por la cual la conciencia inferior del hombre fluye hacia la conciencia de Dios, que es más grande, es lo que se conoce como “subir la montaña”. Se la llama experiencia cúspide porque a través de ella el hombre descubre la Cúspide de su ser, el lugar donde el yo inferior se casa con el Superior, y la Materia y el Espíritu se funden.
Por lo tanto, a todo lo largo de este ritual, vuestra conciencia debe permanecer pura, saturada de Amor, consciente del infinito potencial de la mente kósmica de Dios y completamente identificada con todos los moméntum constructivos. Si se introduce aversión o siquiera leve disgusto contra alguien, o el intento de interferir en el flujo del plan infinito a través de cualquier parte de la vida, semejante actividad creará, por supuesto, una situación kármica que resultará de lo más desafortunada para el individuo que permite que sus energías se vean así comprometidas.
Quienes irresponsablemente han utilizado técnicas alquímicas, por ignorancia o con la intención de causar daño a otras corrientes de vida, de hecho se han causado gran daño a si mismo. Otros que albergan sentimientos de crítica, celos e irritación respecto a los actos o logros de amigo o enemigo, pueden causar tanto daño como aquellos cuya malicia es intencional. Las murmuraciones son una de las formas más destructivas de magia negra y pueden causar la muerte física de sus víctimas.
Viendo que todo daño a la larga le regresa al que lo causó, ¿no sería bueno que los verdaderos alquimistas hicieran un voto de inofensividad, reconociendo al mismo tiempo que la defensa de la verdad y la libertad a veces requiere que se haga una elección entre los males menores?
Insto a todos, entonces, a que comprendan la necesidad de atraer el gran designio de Dios para toda parte de la vida. Naturalmente, no podéis esperar que todo el mundo simpatice con vuestras metas.
Después de todo, en la gran escalera de las almas que ascienden progresivamente (deseablemente hacia la luz del propósito) hay muchos niveles de realización.
Nadie debería condenar a los de menor entendimiento o hacer nada que no sea emular a los de mayor entendimiento. Sobre todo, no estéis ceñosos de quienes tienen más éxito que vosotros en la aplicación de la ciencia de la alquimia intermedia. Recordad que es la práctica la que hace al maestro, que es el motivo lo que transfigura el diseño, que es la belleza la que traspasa el alma.
Así, los objetivos amorosos de Dios dan fruto en el hombre tal como Él originalmente lo deseó. Pues el Jardín del Edén era un sitio donde la belleza de la comunión con el SEÑOR y la comprensión de Sus leyes se podían impartir al hombre. Se tenía la intención de que fuera de la más bella de las escuelas en todo el mundo, donde los sueños de Dios pudieran fluir a través de las ramas de los enormes árboles, donde las ondulantes nubes de mañana, mediodía y tarde estarían iluminadas por el resplandor sagrado del sol luminoso, como “luz que alumbrara el día”.
No os lamentéis, que la escuela edénica será restablecida en este día y en esta era para cumplir con el plan del paraíso antes de que la edad de oro se manifieste. Y aparecerá cuando suficientes alquimistas del espíritu se unan en la meta común de dar testimonio de la verdad.
Ahora pongamos nuestra atención en la ciencia de la figuración, porque sin ella nada aparecerá. Encontraréis esta ciencia ilustrada en la historia de Jacob, que se valió de la alquimia para aumentar el número de sus ovejas. La visualización sobre la nube creadora lo que de hecho produce el milagro de la manifestación alquímica.
Si deseáis una apariencia más juvenil, debéis visualizaros con ella. Si deseáis más vitalidad, debéis visualizaros teniendo ya esa vitalidad: los músculos ondulantes de energía de Dios, la mente rebosante de ideas vitales, hormigueante de vida, luz y Amor.
Debéis sentir y saber que las energías de Dios fluyen a través de las puntas de los dedos de las manos y pies, manando hacia el espacio el resplandor de la salud abundante y del rostro transfigurado.
A medida que practiquéis con este ejercicio, se producirá, sin esfuerzo adicional de vuestra parte, un efecto benéfico en aquellos con quienes estéis en contacto. Pero debéis tener cuidado de no buscar reconocimiento por este servicio; si no, como está escrito en el Libro de la Vida. “no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos”

LA CIENCIA DE LA FIGURACIÓN 2 /2

Sé que sonreiréis cuando diga que sabemos que hay estudiantes que, cuando se les da este material, se entusiasman tanto que dicen a los que no están informados sobre sus esfuerzos de volverse más de Dios: ¿Sientes algo cuando estoy cerca?” Y por supuesto, esto arruinará todo el efecto de cualquier virtud que puedan haber desarrollado durante su estudio.
Llamar la atención sobre los propios logros produce una concentración de energía sobre la personalidad y que se aleja del alma, de lo que deriva la fuente del resplandor. Mientras que las cualidades divinas inherentes del alma son como sustancia radiactiva enclavada en el alma y compartiéndola, la nube resplandeciente es el propio altar alquímico del alma que hace posible la expansión del alma –como el universo en expansión—desde los fuegos de su propio sol central hacia el espacio.
Algunos preguntarán: ¿cómo podemos producir milagros que afecten a otros sin tomar la energía que le pertenece o sin privarlos de la oportunidad de generar sus propias transformaciones maravillosas? Esto parece ser de la opinión de que los fuegos de Dios tienen una tasa de decadencia y de que en algún momento, en algún lugar, estos fuegos se terminarán o se extinguirán.
Me apresto a asegurarnos que, aun cuando todos los soles del universo físico cayeran como cenizas ardientes en el sol central, y que el sol, central, por ley divina, se disolviera en su manifestación física, los fuegos del alma, que son de Dios, nunca se extinguirán. Son inmutables, infinitos, eternos. No tengáis, pues, miedo de que estéis gastando las energías de Dios o de que estéis tomando una energía que pudiera ser utilizada más provechosamente por otro.
Cuando se emitió el fiat “¡Cread!”, fue la señal del regalo de libertad que Dios hizo al hombre. Por consiguiente, el hombre debería ser libre de crear. Más aún, debería ser libre de crear sin juicio. Para proteger su libertad de los pensamientos intrusos de otros, las matrices de su mente deben hacerse receptivos y fortificarse con los pensamientos de Dios; también deben haber espacios durante el día en los que, aparte de crear la nube, el alquimista se sintonice con la mente de Dios y beba de la fragancia de Su ser.
La verdadera alquimia acerca al hombre a Dios y a su Cristo y le permite cumplir los antiguos fiats: “¡Hombre, conócete a ti mismo!””¡Cread!” y “¡Señoread!”. Los beneficios de la comunión del hombre con la vida toda a través de la ciencia sagrada pueden esparcirse por la Tierra entera, y de hecho así será. Estos beneficios son los que pueden –y lo harán—ejercer la presión de las técnicas superiores del cielo sobre el mundo que está abajo.
¿Acaso no habéis leído?: “No olvidéis dar hospitalidad a extraños, porque por ésta, algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles”?
Que los hombres os den hospitalidad como si fuereis ángeles sin saberlo. No mancilléis vuestros resultados alquímicos al imponer la escoria de la personalidad con la fe gozosa de que Dios hará que se expanda y se expanda y se expanda el dominio de vuestro yo en luz y Amor ilimitados.
Uno de los puntos más importantes que debéis comprender en la ciencia de la alquimia intermedia es que, aunque estáis empezando vuestro entrenamiento, ésta no es la única oportunidad que tendréis de utilizar estas leyes. Porque podréis utilizarlas no sólo durante todos los días de esta vida sino que, en caso de no alcanzar la ascensión al finalizar esta encarnación, encontraréis que mientras viváis en esta Tierra, la ciencia de la alquimia divina os ayudará a transformarnos “de gloria en gloria, como el Espíritu del Señor”. Comprended que no hay nada que vaya en contra de Su ley en el uso correcto de la alquimia, porque la verdadera alquimia es la transformación de gloria por Su Espíritu.
Sé que algunos de los que están leyendo este curso tal vez no se hayan considerado religiosos al principio. Tal vez las acciones intencionales de los corruptos, los hermanos de la oscuridad, de arruinar los propósitos de la religión arruinando la vida de quienes profesan seguir una religión, hayan corroído vuestra aceptación de las leyes del Kósmos.
Pero creo que algunos han empezado ya a experimentar resultados profundos en su vida por la práctica de los rituales que os he dado. Y tengo la certeza de que, para aquellos para quienes no es así, empezarán a hacerlo a medida que su fe aumente y contrarresten todas sus negaciones con el sentido exhilarante de que podéis transformar vuestro mundo y de que podéis hacer vuestra vida lo que Dios quiere que sea y lo que vosotros, en lo profundo de vuestro ser, queréis que sea. Pues podéis tener éxito en todo lo que hacéis. Y ese éxito no necesita limitarse al lado Espiritual de la vida, sino que también puede incluir material.
El Señor ha dicho: “Buscad primero el reino de Dios y Su justicia, y estas cosas se os darán por añadidura”. Por consiguiente, no temáis pedir para que podáis recibir las cosas terrenas que necesitáis, tal como primero habéis buscado las celestiales.
Recordad la historia de nuestro Señor que, al ir a entrar en Jerusalén, pidió a dos de sus discípulos que fueran a una cierta aldea donde encontrarían “una mula atada, que nunca hombre montó”.
Los instruyó para que trajeran la “mula, y un pollino con ella”, y que dijeran a todos los que les preguntaran: “El Señor los ha menester”.
¿No queréis desarrollar este sentido de saber que lo que necesitáis Dios lo proporcionará? ¡Edificad, edificad, oh, hermanos de la Luz! ¡Edificad, hermanas de la Luz! Porque Dios os necesita. El reino os necesita.

Amorosamente, YO SOY

Saint Germain.

martes, 3 de mayo de 2016

Lo Que Puede Significar La Alquimia 1 / 3

LO QUE PUEDE SIGNIFICAR
LA ALQUIMIA PARA
UN MUNDO EN DECADENCIA

La luna rige el lado oscuro de la vida y es la luz inferior, la luz refleja la energía solar de Dios. En su estado reflejo ejerce enorme control sobre las mareas y sobre el elemento agua.
La luna, el gran satélite giratorio que rige la noche, gobierna, en parte, así, el cuerpo emocional del hombre y puede fácilmente convertirse en su mayor enemigo o en su mejor amigo. Porque, cuando se dominan de la manera correcta, las energías de la luna (estando debajo de sus pies) pueden ayudarlo a alcanzar el control alquímico sobre sus emociones (sobre su energía en movimiento).
Veamos cómo es esto.
La luna refleja el cuerpo de la Tierra. Cuando tratamos con la luna, entonces, tratamos con la luz refleja del sol. Cuando el cuerpo astral está bajo el dominio del Cristo, su poder se vuelve ilimitado. Cuando sus energías purificadas son magnificadas a su vez por la luna, que es más que un reflector gigante, su poder se multiplica en proporción casi infinita. 
Pero hasta el momento que la conciencia de las masas no esté regida por la luz del sol, en vez de estar regida por la noche, la luna reflejará los efluvios astrales del planeta. Los hombres seguirán siendo, así, víctimas de sus propias creaciones erróneas, y en mucho mayor grado durante el ciclo de la luna llena.
Ahora bien, el alquimista utiliza su conciencia purificada como un reflector de las energías solares de manera muy semejante a como la luna refleja la luz del sol. Las aguas de su mente reflejan la luz del día y de la noche, tal como las aguas del mar reflejan el sendero dorado tanto del sol como de la luna. Pero la Conciencia Crística, el prisma de pureza como el “mar de vidrio”, filtra las impurezas de la luna, tal como refracta la luz del sol.
Siendo toda energía de Dios, las energías calificadas para el mal por lo humano, y que la luna refleja (que se envían de regreso a la Tierra, de donde proceden, siguiendo la ley kármica), pueden ser liberadas de las imposiciones de la mente carnal por el proceso de transmutación. Pueden entonces ser utilizadas para crear, en la tradición del Gran Alquimista, obras de arte más perfectas hasta que las matrices celestiales transformen las matrices terrenales y la luna se convierta en un orbe dorado de extraordinario poder.
La mayoría de vosotros sabéis demasiado bien que cuando vuestras emociones se ven perturbadas por condiciones externas, sentimientos o conceptos, hay un momento en que todavía podéis arrebatarle el control de vuestras energías a vuestro propio cuerpo emocional. Subsecuentemente, si a estas energías se les permite continuar en su arrebato, sin freno, ese momento de control se pierde; y entonces es fácil que la gente haga, piense o diga lo que algún día lamentará.
A la inversa, la mayoría de vosotros se da cuenta del gran gozo y paz que ha descendido sobre vuestra alma cuando habéis sido capaces de realizar algo por alguien. Esto sucede porque, en lo profundo de vuestro ser, existe el deseo amoroso de servir a vuestros semejantes.
Este deseo es lo que instigó el descenso de Cristo, el sol de David, en su papel de antiguo Mesías. El rey pastor, un hombre que seguía al propio corazón de Dios, comulgaba con Dios y se preparó para un mayor servicio mientras atendía a sus ovejas. En ningún lugar fue más visible el lustre de su alma que en la belleza de sus meditaciones sobre el Espíritu del SEÑOR registradas en el libro de los Santos.